domingo, 19 de marzo de 2017

Cocer arroz integral

El arroz integral es sanísimo, tiene mucha más fibra que el blanco y, aunque los dos tienen las mismas calorías, al no estar refinado el integral conserva en mayor medida vitaminas, minerales y oligoelementos. Lo malo es que es algo pajolero para cocerlo: si se hace a pelo requiere mucho más líquido y tarda una barbaridad. Después de muchas pruebas he dado con una forma relativamente sencilla y desde luego muy eficaz para prepararlo, que os cuento en esta entrada en su versión más básica. Se puede complicar como queráis (sustituyendo el agua por caldo, añadiendo especias y/o hierbas...) pero la clave, creo yo, está en las instrucciones de cocción. No falla :)

En un fondo de aceite de oliva se refríe ajo, entero y machacado con su piel (me gusta cómo aromatiza el aceite), se añade el arroz integral y se le dan un par de vueltas.


Luego se incorpora la misma cantidad de líquido (agua, caldo) que de arroz más la mitad, es decir, por cada parte de arroz una y media de líquido. Conviene que éste esté ya caliente, no solo por la rapidez sino por no perder humedad en el proceso, porque la cantidad de líquido en la que se hace el arroz es importante. Obviamente con éste (me refiero al liquido) hay que tener sentido común: si es agua sin más pues ennoblecedla con sal y, como sugería antes, quizá con alguna hierba (perejil, una hoja de laurel...) o especia (le va de cine el curry o el ras-el-hanout). Pero aquí estamos hablando de la técnica de cocción, así que eso queda a vuestro gusto. Conforme el líquido empiece a hervir tapad el asunto (si es con una tapadera de cristal mejor, ahora entenderéis porqué), bajad el fuego al mínimo, y dejadlo reducir tapado, chup-chup. Tardará en torno a 20 minutos, es decir, prácticamente lo mismo que el arroz blanco.


Cuando veáis que el líquido se ha consumido (de ahí la ventaja de la tapadera de cristal) apagad el asunto sin destaparlo y dejadlo reposar sin quitar la tapadera al menos 5 minutos, pero si son 10 mejor. La "concentración" de vapor durante la cocción y este último reposo (todo sin destapar) es la que "ahorra" tiempo y hace que esta forma de prepararlo sea tan interesante y práctica. Una vez reposado, queda así.




Sueltecito, sabroso, sano y estupendo. Animaos con el arroz integral, os aseguro que os vais a alegrar :)

domingo, 4 de septiembre de 2016

Tarta arcoiris (by María Menéndez D-A)

Cuando hace poco os contaba los progresos culinarios de mis pinches favoritas ya os avanzaba que, en los años que hay entre las dos entradas, la mayor de mis sobris ha salido repostera y os prometía un mano a mano con ella. La verdad es que me viene bien que a María le haya dado por ahí, porque aunque como sabéis los dulces o son lo mío, su afición es una excusa para compartir ratos entre fogones (y ver y comentar recetas y vídeos) con ella. Pero claro, la tía ya me supera de lejos preparando este tipo de cosas (yo no paso de las sopaipas y el bizcocho de zanahoria y nueces), así que cada vez más nuestras conversaciones gastronómicas tienen que ver con que ella me cuente detalles y trucos y yo aprenda de ella en vez de lo contrario, que sería además de lo más natural lo que me daría más gustito... Porque María tiene apenas 13 años pero ya me da mil vueltas cuando se mete a hacer dulces y, en ese tema, es mi maestra en vez de mi aprendiz. Y... me entendéis ¿verdad?... Pero bueno, es lo que tiene hacerse mayor... ;) La receta que ella ha elegido para estrenarse como invitada de lujo en Gastronofilia es una tarta arcoiris inspirada en la de Alma Obregón pero con los inevitables cambios y atajos (menos mal, algo ha aprendido de mí). Hay que reconocer que el aspecto final de la preparación no se corresponde con lo buena que salió, pero la culpa como luego os contaré es solo mía. Pero la tarta en sí misma (que estaba riquísima), y el magnífico rato que echamos juntas con alguien más que se apuntó, están cargados de magia y alegría, así que os cuento en esta entrada lo que hicimos (bueno, lo que hizo María con la ayuda de las demás) ante mi sorpresa... porque hay que ver lo que sabe ya de cocina (repostería en este caso). Lo dicho, me hago mayor ;)

La cosa parte de hacer una masa de bizcocho para luego repartirla en varios (cuatro) recipientes, teñirlos con colorante de cocina (:S), y hacer varios (cuatro, en nuestro caso) bizcochos para montar la tarta final. La masa inicial se compone de 250gr. de harina de repostería tamizada, lo mismo de azúcar, 2'5 cucharaditas de levadura de mentira (impulsor tipo Royal), 250 ml de aceite de girasol, un pelín de extracto de vainilla y 5 huevos. Todo eso se bate a conciencia y se reparte proporcionalmente en varios recipientes según el número de capas que vaya a tener la tarta (Alma Obregón lo hace con cinco, nosotras atajamos a cuatro).



La idea luego es teñir cada masa de un color distinto. Para eso María nos dijo que había que depositar en la masa un pelín de colorante alimentario del color que fuera y batirlo.




Nosotras hicimos esa operación (:S) como pudimos, y ahí creo que pudo más mi reticencia a lo del colorante y recomendé poner poco... el caso es que los cuatro bizcochos (que estuvieron en el horno algo menos de media hora, de dos en dos, a algo menos de 200º) quedaron esponjosos y estupendos... pero con el color más bien suave... vamos, menos vistoso. Pero con menos química ;)  


Aquí tenéis a las orgullosas reposteras con su resultado (insisto en que el color tan suave tiene que ver con el único punto de la receta en el que yo me metí, obviamente de manera errónea): María con su prima Nana Serrrano A-D, que desde hace varios años se apunta a un bombardeo cada vez que decidimos cocinar, porque también le gusta el asunto. Participó en el proceso como una campeona, atenta a las indicaciones de su prima (que era la que mandaba aquel día) y haciéndolo todo la mar de bien. Otra que apunta maneras :)   


Pero en la casa de la playa somos muchos y, cuando hay alguna batalla divertida trasteando en la cocina, siempre se agrega alguien de los peques :), Así que aunque la idea inicial era que la receta fuera dirigida por María con Nana de pinche y yo de fotógrafa, mi otra sobri Blanca Menéndez D-A (sí, la que liaba albóndigas conmigo en el post de hace varios años) se apuntó a mitad de la jugada y aquí la tenéis con sus dos compis de fogones, presumiendo todas de la primera parte del resultado.


La siguiente parte de la receta consiste en montar la tarta, poniendo entre las capas de bizcocho y alrededor del resultado final crema de chocolate. Ahí a María le volvió a salir el punto fullero -insisto, en algo se le tiene que notar su escuela ;)- y tiró de Nocilla para abreviar. La ayudaron sus dos pinches, y yo fotografié el proceso y el resultado final.







Lo de menos es la tarta (que, en cualquier caso, quedó muy rica y duró dos segundos). Lo de más es que, poco a poco, están saliendo cocineras, que hacemos cosas juntas, y que estoy feliz con eso. Igual de aquí a un par de años os sorprendo con un par de entradas en las que ellas os dejen (nos dejen) con la boca abierta. Parece que la cosa promete... ¿no?

Aprovecho para comentaros que voy a estar un tiempo (espero que no mucho) sin publicar nada y sin comentar las entradas de los diversos blogs que sigo. Todo tiene su tiempo y su momento, y hay momentos de la vida que requieren su tiempo. Y ahora necesito algo de tiempo y de momentos para mí. Espero volver pronto. Un fuerte abrazo a tod@s!!!!!

domingo, 7 de agosto de 2016

Paté de champiñones

No sé vosotros, pero para mí los patés tienen un peligro... A veces llego a casa tarde, después de todo el día fuera, y como tenga a mano un buen paté me lanzo como una enajenada y me lo zampo del tirón, sin anestesia, con un buen trozo de pan. En el fondo lo que tengo es hambre (de comida y de casa) y me pierde la facilidad de abrir la lata de paté y darle una buena embestida. Que los hay estupendos y riquísimos, pero convengamos en que son una bomba de relojería... Por eso cada vez me gustan más los patés vegetales, que cumplen esa función pero son mucho más sanos y, encima, te los haces tú y sabes lo que llevan. Ya os he contado el buen resultado que me da el paté de berenjenas y pimientos del piquillo, y hoy os traigo otra propuesta vegetal y sana al tiempo que deliciosa, o al menos a mí me encanta. Es verdad que (como todos los patés caseros) hay que dedicarle algo de tiempo, pero tampoco es mucho y, sobre todo, es genial tenerlo preparado, llegar a casa, y atacarle con la tranquilidad de estar tomando algo rápido y cómodo pero sano.

Tal y como yo lo veo, un buen paté (vegetal o no) tiene que ser sabroso y untuoso. Lo primero se consigue condimentando a conciencia la mezcla; lo segundo con una grasa que pegue con lo primero y que, al solidificarse, aporte ese matiz untable tan agradable. En este caso, se trata por tanto de guisotear los champis con varias cosas, y de hacerlo con una grasa sana pero contundente. Me gusta derretir mantequilla en aceite de oliva y, dentro, sofreír uno o dos ajos y cebolla (como la mitad más o menos del volumen de champis) troceados de cualquier manera, con pimienta negra recién molida; cuando estén se añade sal gorda y los champiñones (nada de atajos: frescos, blancos, preciosos, y bien limpios) también troceados sin muchos miramientos; al fin y al cabo luego lo vamos a batir todo.  




Cuando los champiñones hayan perdido parte del agua que sueltan y empiecen a tostarse llega el momento de incorporar sabor al asunto: yo añado perejil fresco, un poco de vino (me gusta utilizar fino), y ajo y cebolla deshidratados. Diréis con razón que la cosa ya lleva de los dos, pero estas especias deshidratadas tienen un regusto tostado y concentrado que me gusta mucho; cada vez las utilizo más. Se deja reducir todo, con el fuego alto, para que el "guiso" se reconcentre. 




Se retira esta preparación a un vaso en el que podamos meter una batidora y, en la misma sartén, se tuestan a conciencia unas nueces (de nuevo, lo como la mitad del volumen de los champis que hayáis utilizado).  




Se añaden las nueces tostadas a la preparación anterior y se bate todo a conciencia. Es fundamental que esté unas horas en la nevera antes de meterle mano, para que se enfríe bien y, sobre todo, la grasa utilizada se solidifique y transforme la mezcla en un untable sólido y agradable.

Si os animáis a hacer este paté os aseguro que os va a sorprender.... ya me contaréis :), por aquí o en la página de Facebook de Gastronofilia.

martes, 19 de julio de 2016

Ensalada campera

No os voy a contar nada que no sepáis en esta entrada, porque la receta de ensalada campera es muy conocida. Pero es de esos clásicos que faltaba en Gastronofilia y, con el calor que está haciendo (hoy dan máximas por aquí abajo que superan los 40º, y os aseguro que esta vez no se equivocan...), casi que solo apetece mucho gazpacho y ensaladas frescas pero contundentes como esta. Es una perfecta opción como plato único, porque incluye hidratos de carbono sanos (patata cocida), proteína también sana (atún y huevo cocido), mucha verdura cruda e igualmente sana (tomate, pimiento verde y cebolleta), y alguna cosilla más (perejil fresco picado, y aceitunas rellenas de anchoa). Todo ello se adereza con AOVE, sal gruesa y un buen vinagre y... pa'dentro ;) Como casi siempre (osea, como siempre que no se añaden lechuga ni similares), esta ensalada está más rica un par de horas después de aliñarla, cuando todo el condumio se ha mezclado y ha reposado como debe. Fría está rica, pero a temperatura ambiente creo yo que queda bastante mejor. Sencilla, sana y apetecible ¿qué más se puede pedir? ¡A comer verde!!!!!!!!!!!!!!!

Alguien a quien quiero mucho está hospitalizado y hoy, cuando le he hecho una visita a la hora de comer (reconozcamos que la comida de los hospitales está mejorando cada vez más pero...), me ha preguntado que qué iba a almorzar yo. Le he dicho que prefería no contárselo porque casi seguro le iba a dar envidia ;) Era esto JC. Mejórate por favor, te haré esta receta en cuanto puedas y quieras. La ensalada campera de hoy me la zampo yo pero va por ti.
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