viernes, 24 de abril de 2015

Tortillitas de bacalao

O, si queréis, llamadlos buñuelos de bacalao... pero por aquí abajo es más habitual lo de "tortillitas". Se llame como se llame la idea es la misma: una masa a base de harina y agua, enriquecida con cebolla, ajo y perejil, con algún elemento que le dé nobleza (hoy bacalao, pero... la imaginación al poder), y con alguna cosa más ;D) Me gusta utilizar migas de bacalao y desalarlas (ya sabéis, 48 horas dentro de la nevera y en agua, cambiándola al menos tres veces), y picarlas (suelo usar el artilugio ese tan útil que viene con la batidora, pero igualmente se puede hacer a cuchillo) con la verdura y el perejil (¡mucho!!!!!) aunque sin insistir al picar, porque prefiero que queden trocitos de todo y encontrármelos luego ;D) ¿Cantidades? Ni idea, a ojo, pero a mí me gusta que haya aproximadamente la misma cantidad de bacalao que del resto (cebolla+ajo+perejil), aunque esto es una manía mía muy personal y, seguro, muy poco ortodoxa. Quizá deba haber más bacalao, pero... a mí me gusta así. A esa mezcla no le añado sal (por muy bien que se haya desalado el bacalao... nunca se sabe, y además siempre hay tiempo de rectificar luego) pero sí un golpe de preparado para paella (en vez de colorante alimentario sin más, al menos este tiene algo más de azafrán) o, mejor, cúrcuma. En ambos casos, lo añado por aquello del color amarillo tan agradable... Queda esto:


Luego añado harina y líquidos. ¿Que cuánta harina? Pues depende... desde luego mejor mientras más "condumio" haya en la masa, pero lo bueno de esta receta es que se puede alargar si a última hora hay comensales inesperados (¿a que a todos os pasado alguna vez?), porque añadiendo algo más de harina y líquido obtenemos algunas tortillitas más sin perder demasiado sabor. En cuanto a los líquidos, yo no uso huevo (ni tampoco ningún impulsor, como bicarbonato o levadura química, tipo Royal), prefiero añadirle un golpe de cerveza, y agua hasta lograr la consistencia que se quiera. Si lo que buscáis son buñuelos más enteros y redondos usad menos líquido, si preferís tortillitas más planas, pues más líquido. Jugad con la combinación que más os guste o que mejor os venga. Probad por si hiciera falta añadir sal, y listo.


Me gusta dejar esta masa reposando un rato y luego freírla a cucharadas en aceite de oliva bien caliente; antes suelo aromatizarlo con un ajo espachurrado con su piel. Ya sabéis que en este tipo de frituras la primera suele salir mal, pero luego... Cucharada a cucharada vais a obtener una auténtica fiesta de tortillitas deliciosas. Y a ser posible olvidaos del tenedor, ponedlas en un plato o una fuente al centro y que el personal las coja con los dedos... nada como comer con las manos :D

domingo, 5 de abril de 2015

Salteado de arroz integral con cúrcuma y verduras

Sigo (afortunadamente) con mucho trabajo pero teniendo que comer fuera de casa muchos más días de los que me gustaría :S Qué mal lo llevo... Como dice mi amiga Reyes, todo yin tiene su yan :) Así que cuando puedo darme el (¿lujo?) de comer en mi casa, sabiendo lo que me meto entre pecho y espalda, intento alimentarme con algo de sentido común. Lo bueno de la receta que os traigo hoy es que de una vez se puede hacer para varias veces y luego, con nuestro magnífico amigo el microondas, recalientas el asunto y tienes un plato sano y en condiciones para varias días. Aunque sea a la hora de cenar, y con un almuerzo cuanto menos sospechoso en la calle... 

El arroz integral ya se puede encontrar en casi cualquier supermercado, y es sanísimo y muy recomendable. Lo malo es que, a pelo, tarda muchísimo en cocer, pero si lo enjuagáis bien y lo dejáis en remojo al menos una hora para que se hidrate (como os he contado aquí) su preparación es más llevadera. Pero aviso que engancha: cuando empiezas a jugar con él ya no te gusta el arroz blanco común, más barato y fácil de hacer... Lo dicho, todo yin tiene su yan :D

Para este salteado he enjuagado e hidratado el arroz integral durante más o menos una hora, luego lo he escurrido, y lo he cocido en muuuuucha agua con sal, algo de perejil fresco, y un par de cucharadas de cúrcuma (en parte por el color que deja, y en parte por las muchísimas propiedades que tiene). Cuando el arroz estaba un poco antes del dente lo he apartado, lo he colado para eliminar toooooda el agua que sobraba, y lo enfriado para cortar la cocción. La otra posibilidad es cocerlo en el agua justa (doble de volumen después de hidratarlo) pero queda más apelmazado y compacto por el almidón y la fibra, ideal para una guarnición (sobre todo si tiene mucho ajo y verduritas) pero no tanto para saltearlo, porque para esto nos interesa más suelto.


Mientras se hacía el arroz he atracado la nevera y he troceado en burunoise muchas (no todas) de las verduras que he encontrado: ajo, cebolla, zanahoria, pimiento verde y rojo, y unos champiñones. También unas estupendas hojas de espinaca fresca, que no merecía la pena trocear porque vienen muy pequeñas y, al cocinarlas, se quedan en nada. He puesto todas estas verduras a hierro en un wok, primero las más duras y, luego, las que tienen menos cochura (el ajo, los champis y las espinacas) a fuego muy fuerte. Sólo he añadido un pelín de pimienta negra recién molida y un golpe de sal gorda. Como todas las cocciones en wok, la idea es jugar con un "fuego" bastante fuerte y mucho meneo de cuchara, para que la verdura se medio-haga rápido y quede al dente. 




Luego he añadido el arroz muy bien escurrido, un par de meneos más y, ya fuera del calor, he rematado con un buen chorreón de salsa de soja. No me preguntéis porqué, pero este detalle es importante: si echáis la salsa de soja "al fuego" en vuestras preparaciones el sabor que queda es completamente distinto, se medio-arrebata, no queda igual de bien. Lo suyo es añadirla al final y con lo que sea caliente pero fuera de la fuente de calor. ¿Por qué? Ni idea... pero os aseguro que es así.

El resultado es un arroz muy sabroso y de inspiración medio-oriental, salteado sobre muchas verduras. Riquísimo, o al menos a mí me lo parece. Ya me contaréis (espero). 

sábado, 28 de marzo de 2015

Batido verde (green smoothy) de manzana, perejil y canela

Los batidos o zumos verdes (green smoothies) son el último grito entre los forofos de la nutrición sana, y uno de los elementos centrales de la dieta de los crudiveganos. Yo no soy vegetariana pero sí una firme y ferviente "verdulera" (que diría Pilar de Suave como bizcocho): reconozco que no tengo inconvenientes ideológicos con el consumo de carne y derivados (más allá de lo más elemental, claro), pero también reconozco mi total adicción a las verduras. Lo verde me pierde, mi dieta tiene ese color en un 70%-80%, y si, por la razón que sea, no tomo verdura un par de días empiezo a reaccionar como un drogadicto en pleno mono: mal humor, nerviosismo, ansiedad... necesito verde. De hecho, hace poco un amigo me hizo caer en la cuenta de que la etiqueta de Gastronofilia para recetas vegetarianas (está en el menú de la derecha del blog) es la que tiene más entradas. Vamos, que no lo puedo remediar, soy verdulera (que no vegetariana) perdida ;) Así que bicheo mucho en blogs y foros vegetarianos, porque me interesan mucho las propiedades y las opciones de esa forma de alimentarse. Y así he descubierto la dieta crudivegana, en general, y los batidos verdes, en particular. Ni me siento capaz ni me apetece alimentarme 100% de esa manera, pero reconozco que he aprendido mucho sobre las ventajas de incorporar a la dieta que cada uno tenga muchos alimentos vegetales, y si además están crudos, mejor. No deja de ser un torpedo de vitaminas y minerales para nuestro cuerpo, nuestra salud y nuestra vida. Bienvenidos sean :)

A grandes rasgos, la idea de los batidos verdes es mezclar (con cierto sentido común) agua, hojas verdes crudas (espinacas, acelgas, perejil, hierbabuena...), fruta, semillas y alguna especia. Los crudiveganos toman batidos verdes a diario porque les aportan, de una tacada, mucho de lo que necesita cualquier persona para estar bien alimentada. Ya os digo que yo no me siento identificada con esa filosofía pero me picaba la curiosidad, así que los probé. Y es una pasada, creedme. Algunas combinaciones no me han gustado (por ejemplo, el apio y la lechuga... :S) pero otras sí, especialmente esta que os cuento hoy: basta con mezclar (en un invento que triture y mezcle muuuuy bien, thermomix o similar) manzana, perejil, agua (mucho mejor si está fría), y algo de canela; además, como hago casi siempre que puedo camuflarlas, añado un puñado de semillas de lino. No hay cantidades exactas en esto, id probando, pero debe haber bastante verde (en este caso, perejil), aunque si os resulta fuerte la cuestión es variar las proporciones. Si la máquina que uséis tritura bien os va a quedar un batido muy fino pero con una capa de espuma que a mí me resulta desagradable, así que lo cuelo. Y me lo zampo, fresquito, del tirón. 




Hay miles de recetas y variantes, basta con que deis un paseo por la red, pero esta receta que os cuento hoy es sorprendente: el resultado (mejor con agua fría, queda mejor) es un batido fresco, muy rico, saciante (os aseguro que en varias horas no vais a tener hambre) y la mar de sano. 

Sé que todo esto suena rarísimo y que, de entrada, echa para atrás. Pero si estáis curioseando en este blog es porque algo habréis leído y/o visto en él que os haya llamado la atención, así que dadme un poco de margen y fiaos de mí. Probad este batido, os va a encantar. Y, sobre todo, contadnos qué os parece :)

sábado, 21 de febrero de 2015

Mac&Cheese (macarrones con queso)

Clásica receta yanki, sencilla y deliciosa, sobre todo para los FOROFOS del queso. Mientras más lleve, mejor. Es una bomba de relojería (si estáis a dieta ni os lo planteéis), pero una buena fuente de macarrones con queso... a los "ratones" nos encanta :) Tiene además la ventaja de ser una opción muy socorrida cuando hay que preparar comida para mucha gente, sobre todo si hay niños de por medio, porque suelen disfrutar mucho con el resultado. La verdad es que, desde el desconocimiento, tengo una imagen muy estereotipada de la cocina de EE. UU.: de entrada tiendo a pensar directamente (y seguro que equivocándome) en lo peor del fast food. Cuando a continuación me sereno y entro en razón, mi siguiente reflexión suele ser que la "gastronomía yanki" al final no deja de ser un apaño, que vende como propias tradiciones de otros países cuya gente ha ido pasando y quedándose por allí, pero que ellos, por sí mismos, tienen poco que decir. Claro que, si lo piensas, ¿quiénes son ellos? Pues eso mismo, una mezcla de muchísima gente de muchísimos lugares que acabaron echando raíces allí, así que es normal que "su" cocina no exista como tal y sea, en realidad, un batiburrillo de muchos sitios. Pero todas estas impresiones que yo tengo son desde el más absoluto de los desconocimientos, insisto. El caso es que esta receta seguro que tiene un origen y una inspiración (digo yo) más italiana que yanki, pero la cuestión es que ellos se la han apropiado y se han encargado de que se la conozca (como algo "típico" de allí) en todas partes. Que al final es de lo que se trata :)

La base no deja de ser una bechamel (yo la hago sobre un sofrito previo de ajo y cebolla en burunoise) más bien líquida a la que, en el punto final, se le añade un poco de mostaza de Dijón (un puntito, no os paséis, si -como debéis- usáis esta mostaza tened en cuenta que es muy fuerte) y muuuuuucho queso; a ser posible mantecoso y que funda bien. Esta salsa-base se puede complicar y ennoblecer a gusto del consumidor (por ejemplo con tacos de bacon) pero, como la cosa tiene ya de por sí las suficientes calorías, yo prefiero no añadir más metralla. Los macarrones (o la pasta que sea, pero lo suyo es que sea una pasta corta) se cuecen según las instrucciones pero, en mi opinión, lo recomendable es parar el asunto y dejar la pasta un punto antes del dente, porque luego llevan un rato de horno y ahí se termina de hacer. Me gusta usar pasta corta integral y hacer la bechamel con harina también integral, queda genial y es más sano. Lo suyo, como siempre que se hace pasta, es empezar con la salsa (en este caso la bechamel con algo de mostaza y muuuucho queso) y cocer la pasta sobre la marcha y al final, nada de enfriarla y reservarla: lo recomendable es añadir la salsa con la pasta caliente y recién escurrida, para que la absorba bien. Esa mezcla se coloca en una fuente que aguante el horno y se napa con muuuuuucho queso: un parmesano y/o un mozzarella, y/o... en la red hay incluso recetas de Mac&Cheese con cabrales... la imaginación al poder. Un rato (10-15 minutos) de horno para que cuaje bien y sobre todo se gratine, y... Una delicia para comidas con mucha gente y, sobre todo, para niños y/o ratones... Las fotos no son (como siempre) buenas, pero os aseguro que el resultado sí :)





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