domingo, 26 de octubre de 2014

Pan de soda irlandés (Irish soda bread) integral con semillas de lino

Hay que ver la de veces que se me ha cruzado esta receta de pan irlandés... Al final lo he hecho y, sin ser comparable a los panes caseros "de pata negra" de los que ya os he hablado y con los que sigo jugando (para recién llegados al blog y curiosos, recomiendo "pinchar" en el enlace de panes que tenéis a vuestra derecha ;D), la verdad es que lo que sale de esta receta que hoy os cuento es un pan interesante. Rústico y recio, nada suave, pero interesante. Quiero probar a tunearlo con añadidos igual de recios (pasas, nueces...) y con más proporción de harinas sin tratar (espelta, centeno...). Pero de momento esta versión libre del pan de soda irlandés me parece una opción buena para hacer algo relativamente rápido y casero. Y desde luego para perderle el respeto a preparar pan en casa, que al final es de lo que se trata ;)  

La clave creo yo es el tiempo, pero esta vez en cuanto a la rapidez y no a la paciencia. Me explico. La mayor parte de las (buenas) recetas de pan se basan en los levados lentos y, en general, en no tener prisa. En este caso no hay levadura de la de verdad ni tiempos de fermentación, porque el "impulso" a la masa se lo da la mezcla del bicarbonato sódico (también se pueden usar los sobres de polvitos tipo Royal, a la que solemos llamar alegremente "levadura" pero que en realidad no lo son) con un líquido ácido (el suero de leche o buttermilk, que podéis encontrar ya hecho o mejor preparar en casa en algo menos de 15 minutos, como os cuento luego). Esta mezcla, que es la que hace "subir" la masa, hay que dejarla para el final. Así que lo suyo es preparar los ingredientes secos por un lado y mezclarlos bien, y solo luego empezar a añadir los líquidos dejando el suero de leche para el final.

Hay distintas versiones de esta tradicional receta irlandesa; os cuento la mía que, como siempre, no será (seguro) la más ortodoxa pero que a mí me gusta ;) Los sólidos son, por un lado, 500 grs. de harina. Suelo combinar la de trigo normal y corriente (300 grs.) con la integral (200 grs.); a ser posible, las dos deben ser buenas porque esto, como siempre, marca la diferencia: una harina en condiciones (ecológica, molida a la piedra...) es solo un poco más cara pero... nada que ver. El resto de los sólidos son 1 cucharada sopera de sal marina, otra de algo dulce (yo he usado azúcar moscovado, pero vale otro tipo de azúcar -mejor si es morena de caña- o miel) y otra de bicarbonato sódico; yo además añado (como cada vez que puedo) un puñado generoso de semillas de lino pero no es imprescindible (aunque vosotros os lo perdéis)


Estos sólidos se mezclan bien, se hace un hueco en medio, y se van añadiendo los líquidos: 40 grs. de grasa (la receta original irlandesa lleva otras cosas -muy respetables- pero yo, obviamente, añado un buen chorreón de aceite de oliva virgen extra) y 340 ml. de suero de leche o buttermilk. Se puede encontrar ya hecho pero creo que no merece la pena, porque prepararlo es tan complicado como mezclar 300 ml. de leche con 40 ml. de zumo de limón (u otro ácido, por ejemplo vinagre) y dejarlo reposar 10-15 minutos para que se corte la leche. Una vez unidos los líquidos y los sólidos no hacer falta amasar, basta con combinar bien y con energía todos los ingredientes dentro de un cuenco con una cuchara, hasta que estén integrados. Depende de la calidad de las harinas (y sobre todo de la proporción de la integral, que suele pedir más líquido) pero, con estas cantidades, muy probablemente os quedará lo que en teoría tiene que quedar (y podéis ver en cualquier vistazo rápido en youtube). Pero es que yo no puedo evitar el ramalazo y la tendencia a las masas húmedas antes de meterlas en el horno, porque las asocio a una miga esponjosa y rica, así que a lo anterior suelo añadirle algo de agua (no sé, un chorreón, quizá 40-50 ml., pero depende) hasta que todo esté compacto pero un poco pegajoso).



Quizá porque le doy ese toque de masa húmeda no cuezo este pan como suele ser habitual (una bola sin recipiente, que se acaba convirtiendo en una hogaza la mar de mona) sino dentro de un molde rectangular, de esos de plumcake, para que aguante bien la subida.


Este pan suele estar listo tras 30 minutos de horno a 200º, pero entonces me gusta sacarlo del molde, colocarlo del revés, y dejarlo otra vez dentro del horno ya apagado para que la base se haga un poco más. Luego debe reposar como siempre en una rejilla hasta que está frío.


Que quede claro: NO ES como un pan casero de los parta negra, pero... queda de lujo tostado con un buen aceite, o una buena mantequilla, o con un paté en condiciones, o con una sobrasada de las de verdad, o con zurrapa de lomo de las que hacen en las sierras de mi tierra (ya sé que no es muy recomendable según los puristas, pero es que... está tan rica!!!), o con un queso noble, o... Es perfecto para sorprender gratamente a los invitados cuando queráis ofrecer alguna de estas cosas (u otras que se os ocurran) para untar... ¡Ya me contareis! 

sábado, 4 de octubre de 2014

Tortilla de patatas ligera

Vamos a dejar las cosas claras desde el principio: nada como la tortilla de patatas preparada de la manera tradicional. Ni freidora, ni microondas, ni gaitas: en una buena sartén y con aceite de oliva, despacio, dejando las patatas bien pochaditas... Lo malo es que esta delicia es una bomba de relojería si se quiere perder algo de peso, o si la comida muy grasienta no sienta demasiado bien. Y para ambos casos esta versión es estupenda porque, sin ser exactamente el mismo, lo cierto es que el resultado es muy aceptable y permite quitarse un poco el mono ;) Me inspiré en la receta vegana que proponen Iosune y Alberto, los responsable de Danza de Fogones, un blog vegetariano muy interesante que os recomiendo visitar, tanto si sois vegetarianos como si, sin serlo, os encantan las verduras y la cocina sana. A partir de su idea he hecho varias pruebas y he acabado dando con la versión que os cuento, y que preparo con frecuencia. A ver qué os parece :)

Hay que pelar y trocear patatas como soláis hacerlo normalmente para tortilla; a mi en cubitos no me termina de convencer y siempre las corto en láminas finas. También siempre añado cebolla en juliana, me encanta el punto que le da a la tortilla. En una cacerola amplia se pone a calentar un fondo de aceite de oliva (pero no mucho, como para un sofrito) y se incorporan las patatas y la cebolla escurridas con un golpe de pimienta negra recién molida y perejil fresco, se les dan un par de vueltas, y se cubren con agua. Cuando el asunto empiece a hervir se baja un poco y se tapa, dejando que las patatas y la cebolla se cuezan despacio, pero vigiladlo y dadle alguna vuelta de vez en cuando para que no se peguen. Cuando estén tiernas se escurren (suele quedar poco líquido, pero conviene retirarlo) y se cuaja la tortilla con unos huevos y de la manera habitual. ¡Listo!





Sobre esta idea se pueden introducir bastantes modificaciones, a mí me gusta mucho añadirle alguna especia para darle más gracia, o unos calabacines hechos en su jugo en el microondas que, mezclados con las patatas y la cebolla, también permiten obtener una tortilla ligera y muy rica. 

domingo, 27 de julio de 2014

Ensalada de garbanzos y gambas

¿A que muchos habéis arrugado la nariz al leer el título de la entrada???? Pues algo parecido me pasó a mí, cuando este fin de semana en su magnífica casa de la playa mis amigos Ricardo y Reyes me dijeron que eso es lo que íbamos a comer. Yo no arrugué la nariz (como habéis hemos muchos de vosotros) por una cuestión básica de educación y buenas maneras, pero la cosa me sonó rarísima... Me he criado aquí abajo, así que asocio los garbanzos a un platazo caliente con mucha verdura o con carne y sus correspondientes avíos, que con frecuencia incluyen mucha pringue (chorizo, morcilla... a ver si os subo una entrada). Pero nunca con pescado o marisco, y menos en frío. Pero entre las nociones más elementales de educación, y que de un tiempo a esta parte estoy descubriendo el buen juego que dan las legumbres frías en ensalada, decidí poner la mejor de mis caras y me dispuse a recibir de la mejor manera posible esta ensalada tan rara. Y menudo rapapolvo se han llevado mis prejuicios y mis ideas preconcebidas... está claro que no se puede ir así por la vida. La cocina sorprende y divierte, hay una delicia donde y con lo que menos te lo esperas, y hay que enfrentarse a la mesa con ánimo abierto y espíritu juguetón porque, en el sitio más insospechado, te aguarda una sorpresa deliciosa. Como esta ensalada de garbanzos con gambas (y alguna cosilla más), que me ha recordado precisamente eso, que no se puede ir por la vida con ideas preconcebidas porque hay una sorpresa en cada esquina.

Necesitamos garbanzos ya cocidos, valen perfectamente los de bote (¡buenos!) o los que puedan sobrar de otro lío (un puchero, un potaje...). También necesitamos cocer muy poco (que si no se ponen correosas) unas gambas de esas pequeñas, de las que aquí llamamos arroceras. También hay que lavar bien y picar muy finas unas hojas de lechuga y algo de cebolleta fresca. La receta original no lo lleva, pero Ricardo le añadió a la ensalada que yo me pimplé un poco de maíz que le sobraba de otra guerra, así que he decidido que esta ensalada lo debe llevar. Después de flipar con el resultado, hablando con Ricardo y Reyes durante la comida me atreví a sugerir que el asunto debía quedar todavía más rico añadiendo pimiento verde muy picado. Claro que ahí jugaba con ventaja, porque Ricardo alucina con el pimiento verde crudo y se lo zampa tal cual, con un pelín de sal y poco más. Así que lo he añadido a esta receta. Todo esto solo necesita sal, un vinagre bueno y aceite de oliva... Y ya me contaréis :) Esta receta es perfecta para el verano y la playa; la dejas preparada sin aliñar (la lechuga se pone mustia si se le añade vinagre con mucho tiempo...) y, a última hora, le das el toque del aliño... Tremendo y completo primer plato, fresquito, sano, como debe de ser.

Con esta (creo yo) que estupenda receta Gastronofilia se despide hasta Septiembre, que tod@s necesitamos un soplo de aire fresco y un descanso, aunque sea de placeres tan agradables como este.

domingo, 6 de julio de 2014

Paté de berenjenas con pimientos del piquillo

Desde que le vi hacer esta receta a Ana Moreno en el programa 100% vegetal tenía ganas de probarla, y por fin hoy me he animado. He introducido algunas variantes (menos de las que me apetecían porque me faltaba un ingrediente, pero ya caerá) y la verdad es que el resultado merece la pena. Me gustan muchos los untables porque resuelvan bien dos cosas que me parecen interesantes: los entrantes para un almuerzo o una cena cuando hay invitados, y los arranques de hambre (ya sabéis: qué hay rápido para untar en pan, que no puedo con mi vida ;D). Y los patés a base de verduras son muy sanos y socorridos para ambas cosas. Para este solo hay que pelar y cortar en trozos gordos un par de berenjenas, y colocarlas en una fuente apta para el horno con dos dientes de ajo pelados y machacados, orégano seco (últimamente tiro de uno que me traje al peso de un pueblo de la sierra de Huelva, y nada que ver con los botecitos), sal gorda, pimienta negra recién molida y un chorreón de aceite de oliva. Se asa esta mezcla en el horno (180º) hasta que esté doradita pero aún entera (en mi caso, en torno a 30 minutos).
Cuando el asado de berenjenas esté listo se lo deja reposar un poco (vamos, lo justo para no achicharrarte manipulándolo) y se pasa al vaso de una batidora. Se le incorporan pimientos de piquillo, entre uno y tres por cada berenjena (en función del tamaño de ambos y de vuestro gusto, a mí me encantan así que pongo dos o tres pimientos por cada berenjena si éstas son grandes), se añade otro chorreón de aceite de oliva, un puñado de semillas de lino (tienen muchísimas propiedades así que las cuelo de contrabando en las recetas siempre que puedo) y se tritura el asunto pero sin insistir demasiado, para que no quede demasiado fino (me gusta que haya trocitos y que el resultado tenga ese punto rústico y casero, pero vosotros mismos). Una vez frío tendréis un untable delicioso y muy sanote :) 

Hay por la red muchas recetas de paté de berenjenas en las que se utiliza tahini o tahina, una salsa a base de sésamo tostado, que debe sentarle de cine a este paté (pensad si no en el baba ganush... qué rico). Mi idea era añadirle al asado de berenjenas un buen puñado de sésamo, pero no tenía :/ la próxima vez cae seguro, a ver qué pasa ;)
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