domingo, 27 de julio de 2014

Ensalada de garbanzos y gambas

¿A que muchos habéis arrugado la nariz al leer el título de la entrada???? Pues algo parecido me pasó a mí, cuando este fin de semana en su magnífica casa de la playa mis amigos Ricardo y Reyes me dijeron que eso es lo que íbamos a comer. Yo no arrugué la nariz (como habéis hemos muchos de vosotros) por una cuestión básica de educación y buenas maneras, pero la cosa me sonó rarísima... Me he criado aquí abajo, así que asocio los garbanzos a un platazo caliente con mucha verdura o con carne y sus correspondientes avíos, que con frecuencia incluyen mucha pringue (chorizo, morcilla... a ver si os subo una entrada). Pero nunca con pescado o marisco, y menos en frío. Pero entre las nociones más elementales de educación, y que de un tiempo a esta parte estoy descubriendo el buen juego que dan las legumbres frías en ensalada, decidí poner la mejor de mis caras y me dispuse a recibir de la mejor manera posible esta ensalada tan rara. Y menudo rapapolvo se han llevado mis prejuicios y mis ideas preconcebidas... está claro que no se puede ir así por la vida. La cocina sorprende y divierte, hay una delicia donde y con lo que menos te lo esperas, y hay que enfrentarse a la mesa con ánimo abierto y espíritu juguetón porque, en el sitio más insospechado, te aguarda una sorpresa deliciosa. Como esta ensalada de garbanzos con gambas (y alguna cosilla más), que me ha recordado precisamente eso, que no se puede ir por la vida con ideas preconcebidas porque hay una sorpresa en cada esquina.

Necesitamos garbanzos ya cocidos, valen perfectamente los de bote (¡buenos!) o los que puedan sobrar de otro lío (un puchero, un potaje...). También necesitamos cocer muy poco (que si no se ponen correosas) unas gambas de esas pequeñas, de las que aquí llamamos arroceras. También hay que lavar bien y picar muy finas unas hojas de lechuga y algo de cebolleta fresca. La receta original no lo lleva, pero Ricardo le añadió a la ensalada que yo me pimplé un poco de maíz que le sobraba de otra guerra, así que he decidido que esta ensalada lo debe llevar. Después de flipar con el resultado, hablando con Ricardo y Reyes durante la comida me atreví a sugerir que el asunto debía quedar todavía más rico añadiendo pimiento verde muy picado. Claro que ahí jugaba con ventaja, porque Ricardo alucina con el pimiento verde crudo y se lo zampa tal cual, con un pelín de sal y poco más. Así que lo he añadido a esta receta. Todo esto solo necesita sal, un vinagre bueno y aceite de oliva... Y ya me contaréis :) Esta receta es perfecta para el verano y la playa; la dejas preparada sin aliñar (la lechuga se pone mustia si se le añade vinagre con mucho tiempo...) y, a última hora, le das el toque del aliño... Tremendo y completo primer plato, fresquito, sano, como debe de ser.

Con esta (creo yo) que estupenda receta Gastronofilia se despide hasta Septiembre, que tod@s necesitamos un soplo de aire fresco y un descanso, aunque sea de placeres tan agradables como este.

domingo, 6 de julio de 2014

Paté de berenjenas con pimientos del piquillo

Desde que le vi hacer esta receta a Ana Moreno en el programa 100% vegetal tenía ganas de probarla, y por fin hoy me he animado. He introducido algunas variantes (menos de las que me apetecían porque me faltaba un ingrediente, pero ya caerá) y la verdad es que el resultado merece la pena. Me gustan muchos los untables porque resuelvan bien dos cosas que me parecen interesantes: los entrantes para un almuerzo o una cena cuando hay invitados, y los arranques de hambre (ya sabéis: qué hay rápido para untar en pan, que no puedo con mi vida ;D). Y los patés a base de verduras son muy sanos y socorridos para ambas cosas. Para este solo hay que pelar y cortar en trozos gordos un par de berenjenas, y colocarlas en una fuente apta para el horno con dos dientes de ajo pelados y machacados, orégano seco (últimamente tiro de uno que me traje al peso de un pueblo de la sierra de Huelva, y nada que ver con los botecitos), sal gorda, pimienta negra recién molida y un chorreón de aceite de oliva. Se asa esta mezcla en el horno (180º) hasta que esté doradita pero aún entera (en mi caso, en torno a 30 minutos).
Cuando el asado de berenjenas esté listo se lo deja reposar un poco (vamos, lo justo para no achicharrarte manipulándolo) y se pasa al vaso de una batidora. Se le incorporan pimientos de piquillo, entre uno y tres por cada berenjena (en función del tamaño de ambos y de vuestro gusto, a mí me encantan así que pongo dos o tres pimientos por cada berenjena si éstas son grandes), se añade otro chorreón de aceite de oliva, un puñado de semillas de lino (tienen muchísimas propiedades así que las cuelo de contrabando en las recetas siempre que puedo) y se tritura el asunto pero sin insistir demasiado, para que no quede demasiado fino (me gusta que haya trocitos y que el resultado tenga ese punto rústico y casero, pero vosotros mismos). Una vez frío tendréis un untable delicioso y muy sanote :) 

Hay por la red muchas recetas de paté de berenjenas en las que se utiliza tahini o tahina, una salsa a base de sésamo tostado, que debe sentarle de cine a este paté (pensad si no en el baba ganush... qué rico). Mi idea era añadirle al asado de berenjenas un buen puñado de sésamo, pero no tenía :/ la próxima vez cae seguro, a ver qué pasa ;)

sábado, 21 de junio de 2014

Pastel de soja

Sigo dale que te dale experimentando con recetas a base de productos con fitoestrógenos, para engañar a mi cuerpo y que el pobre se crea que todo sigue igual que siempre ;) De todas las pruebas que he hecho hasta ahora una de las que más me convence es jugar con el falso ragú de soja texturizada, porque está realmente rico y permite hacer muchas cosas: pasta, rellenar verduras, o hacer el delicioso pastel de carne que os cuento hoy. He hecho el ragú como ya os he contado pero con algo menos de tomate (porque la idea es obtener un resultado más denso y compacto) y, ya puestos, le he metido más metralla en plan sano: un puñado de semillas de lino, un poco de cúrcuma y otro poco de levadura de cerveza. Estos tres ingredientes son muy sanos y recomendables pero, en mi opinión, hay que disfrazarlos y disimularlos porque ellos solos... en fin... :/ De ahí que los haya colado de matute en el ragú, que con la verdura y el tomate los enmascara muy bien, y este ha sido el resultado.


He cocido al vapor unas patatas, ya peladas y cortadas en trozos gruesos porque así se hacen antes; de paso, al mismo tiempo también he hecho al vapor unas judías verdes para preparar una ensalada de judías verdes que me zampo y disfruto muchísimo en cuanto llega el calor, cualquier día me da una sobredosis... He pasado por la batidora algunas de las papas ya cocidas, algo de leche, un poco de mantequilla, sal gorda y pimienta negra recién molida, hasta obtener un puré de patatas no demasiado denso, porque la idea es usarlo para napar el pastel. 



En una fuente que se pueda meter en el horno se coloca una buena capa del ragú, se napa con el puré de patatas, y se remata con una (generosa, en mi caso) ración de queso rallado; me gusta la mezcla de cuatro quesos que venden en muchos supermercados. Supongo que esta preparación se puede congelar y así disponemos de un plato delicioso y rápido, pero hecho en casa, y sabiendo lo que lleva, que es lo suyo :)



Sólo queda gratinarlo hasta que el queso se funda y quede dorado y crujiente...  una maravilla. Desde luego que este pastel se puede hacer con un ragú convencional a base de carne picada, pero la alternativa que os propongo aseguro es muuuuuy interesante si, por diferentes razones, no podéis o no queréis comer carne y/o os interesa tomar soja. 



viernes, 13 de junio de 2014

Pan con prefermento de harina integral de espelta

Sigo pillada con esto de hacer pan en casa, y hoy os cuento mis últimos avances con dos magníficos descubrimientos: usar un prefermento o biga a partir de una variedad de harina que me tiene alucinada, la integral de espelta. Lo del prefermento supone hacer pan de una forma más lenta y también más natural, y es estar un paso más cerca de la masa madre... ya me atreveré ;) Respecto a la harina integral de espelta os confieso que me interesaba y la acabé probando por sus propiedades y lo sana que es, pero he descubierto que, además, el resultado es delicioso, 100% recomendable. El pan de harina de espelta integral que os presento hoy lo he hecho ya en varias ocasiones y siempre me ha sabido muy rico, a ver qué os parece. Hay que preparar el prefermento un par de días antes de cuando queráis hacer el pan; ya sé que esto da pereza, pero os aseguro que no se tarda nada, en esos dos días os podéis olvidar del asunto, y el resultado merece la pena. La biga o prefermento que he usado es el resultado de mezclar 200 gr. de harina integral de espelta, 120 gr. de agua, y un pellizco de levadura seca (más o menos 1 gr, si es fresca poned 3 gr.). Como en este primer paso se crea el sabor básico del pan es fundamental usar una buena harina, a mí me gustan mucho las de El Amasadero, que compro en Sevilla en Suave como Bizcocho; también podéis encontrar buenas harinas en muchas tiendas de productos ecológicos y, desde luego, en una buena panadería artesana. Hay que mezclarlo todo hasta obtener una pasta compacta y homogénea (es muy rápido, ni siquiera requiere amasado, se tarda menos de un minuto), taparlo, y dejarlo reposar y fermentar despacio dentro de la nevera (en este caso ha estado 48 horas). Así estaba antes de reposar:




 Y así dos días después:



No sube demasiado (lleva muy poca levadura y ha estado en un ambiente frío), pero en esta fase se crea una buena parte de la magia y el sabor del pan que vamos a hacer. Fijaos cómo es esta biga por dentro, antes de mezclarla con nada y de hornearla... y huele a eso, a masa fermentada con todos sus avíos... es increíble, meted bien la nariz :)


  
Separad esta masa en trozos y mezcladla con 300 gr. de harina blanca panificable (o, si no tenéis, con una buena harina de fuerza), 200 gr. de agua, un chorreón de aceite de oliva virgen extra y 10 gr. (dos cucharaditas pequeñas) de sal. Hay que amasar a conciencia (o 15-20 minutos a hierro o en varias tandas con reposos de 5 minutos), bolear, y hacer un primer levado, dentro de un bol engrasado y tapado durante algo menos de 2 horas (me imagino que en invierno tardará algo más) (en este tiempo, si estáis en casa no cuesta ningún trabajo darle un par de plegados y el resultado merece la pena). Cuando haya levado se desgasifica, se bolea un poco, y se forman (con dos simples pliegues sellados) dos o tres barras que, espolvoreadas de harina, deben volver a levar durante 1-2 horas (de nuevo, y como siempre, según la temperatura ambiente). Este es el antes y el después de este último paso; las fotos no son muy buenas (:/) pero lo que sucede es que las barras suben de volumen y engordan, aunque sin llegar a doblar de tamaño:




Luego se greñan las barras y se hornean por el procedimiento habitual: precalentar muuuucho el horno (250º) con un cacharrito de metal vacío dentro, introducir el pan y añadir agua al cacharrito (para generar un primer golpe de vapor, estupendo para la corteza del pan), dejarlo así los primeros 10 minutos, y luego sacar el cacharrito y bajar la potencia a 200º, dejar el pan 25-30 minutos más (si hacéis una única hogaza grande requiere más tiempo) y... ¡listo! Sale esto (ya sabéis que el pan recién sacado del horno hay que ponerlo a reposar de manera que respire por abajo, yo suelo usar la rejilla de gratinar del microondas ;):



Fijaos el aspecto de la miga:



Y del sabor ni hablamos :) En algún momento me animaré con el pan hecho a partir de masa madre pero todavía le tengo respeto al asunto... bueno, respeto y algo de pereza ;) Por ahora hacer un prefermento un par de días antes me parece una estupenda alternativa, porque no requiere dedicación y le aporta al pan un sabor magnífico. ¡Esto engancha! :)
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